Ego sum Cesar, Julius Cesar (II)

HI LABORES DISCIPULORUM ET DISCIPULARUM SUNT:

Muerte de Julio Cesar de Vincenzo Camuccini (1798)

“¡Este es el precio de tu ambición, maldito cerdo!”, gritó alguien.    Hacía rato que César había dejado de sentir las puñaladas; ya sólo era consciente de la sangre que fluía y de los segundos que se escapaban con la inexorabilidad con que cae la arena en la clepsidra. Él no era un hombre que se resignara fácilmente a su suerte; nunca lo había sido. Cuando Casca le asestó el primer corte en el cuello, su primer impulso fue defenderse, clavándole a su vez un punzón en el brazo. Si tenía que morir, al menos lo haría luchando, tal y como había vivido. Oyó gritos y peticiones de auxilio, lo que indignó a César. ¡Él nunca rogaría clemencia! ¡Jamás! Moriría con la cabeza alta, con la dignidad que le correspondía.Acto seguido se le presentó con claridad lo que estaba sucediendo, y luchó por contener las lágrimas cuando vio a su hijo entre la multitud.    “¿Tú también, Bruto, hijo mío?” Ya no escuchaba nada. La curia estaba en silencio. Un rayo de sol penetró por una de las ventanas, y en ese momento supo que él, Julio César, el hombre a cuyos pies se había postrado todo un imperio, moría completamente solo y abandonado.

Carmen Pérez Blaya. 4º ESO B.  Carmen, tuus labor optimus est!!!

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La muerte de Julio César de Heinrich Friedrich Füger. 2º mitad del XVIII

 Es tan difícil discernir el bien y el mal, que siempre los acabamos tergiversando.    Lo veo allí, a César, con su porte recto y elegante. Es perfecto fuera y dentro del Senado, perfecto al punto de volverse irritante. Yo, un senador sin importancia prácticamente en el territorio romano, sólo puedo ser una sombra olvidada bajo su impotente figura. Es muy probable que sean celos, más bien envidia. Porque el deseo de ese hombre por conquistar y desear poder le ha llevado a una gran situación. Pero, no todo puede ir bien con él.    Se termina la reunión y todos se levantan, excepto yo. César se coloca bien la toga mientras Servilio se acerca a él. César no se da cuenta de su presencia hasta que le apuñala. Éste, para defenderse, le clava un punzón en el brazo. Aun así, ya es demasiado tarde. Una veintena de senadores empiezan a correr tras él, lo golpean y lo apuñalan repetidas veces. César intenta huir, en vano, y acaba cayendo al suelo. En ese barullo de lobos rabiosos, se encuentra Bruto traicionando a su padre. Es irónico, ¿no lo creéis? Cuesta tanto discernir el bien y el mal. Porque, cuando lo tergiversamos, nos volvemos animales sin raciocinio en busca de la carne y el odio. Y en eso, tanto quien apuñaló como el que se sentó a mirar, obtuvieron ambos el castigo.    Porque, ¿quién nos ha dicho a nosotros que todo va a acabar con su muerte? Salomé Alfageme Martín  4ºB  

Salomé, tuus labor optimus est!!!

Post Scriptum:    Carae discipulae:     No os pongo en este comentario el signo del pulgar para arriba porque me he enterado que no significaba para los romanos lo que estamos acostumbrados a ver en las películas. Podéis enteraros aquí. 

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